Radrigán, otra vez, en el puerto

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“Bailando para ojos muertos” se llama esta reciente pieza teatral del prolífico Juan Radrigán, nombre canónico del teatro chileno, que de nuevo prefiere a Valparaíso para un doble debut, el de esta obra en sí y su incursión desde una no registrada aproximación a los marginados: a partir de la homosexualidad. El montaje se podrá presenciar en Sala Upla los días 23 y 24 de noviembre a las 20 horas. Reservas en www.salaupla.cl

La obra es mínima y cruda, como acostumbra a ser toda la dramaturgia de Radrigán. Este septuagenario antofagastino, hijo de maestra y mecánico, con más de 40 obras en el cuerpo, nunca antes había hurgado en la homosexualidad, y esta vez lo hace escenificando a un viejo y quebrado matrimonio que es visitado por su hijo homosexual. Los padres no pueden evitar la aversión que les provoca este hijo que ven como un error que hay que rechazar y negar.

Nuevamente Radrigán reflexiona sobre personajes desamparados, fuera de la norma social establecida, en un Chile que no ha cambiado mucho de aquel ochentero y autoritario que este autor refería tan bien en El Loco y la Triste (1980) o en Hechos consumados (1981). Son personajes que han perdido su lugar en el universo pero no dejan de exigir dignidad y un lugar donde pertenecer, donde superar la apatía de sobrevivir.

En esta apuesta reflexiona sobre el matrimonio, la familia, las relaciones filiales y cómo, a veces, ni el amor puede volver a su estado original lo ya fracturado. Padre y madre enfrentan a este hijo “desviado” y modulan su malestar en parlamentos terribles y sentenciosos. León, el hijo, es el expulsado que queda a la deriva, rechazado por quienes lo engendraron y, naturalmente, debieran amarlo.

ATEVA y Radrigán

Larga data registra la relación entre Radrigán y los porteños de ATEVA (Asociación Teatral Valparaíso). “Bailando para ojos muertos” se presenta bajo la dirección de Arnaldo Berríos, quien también las oficia en el rol del padre. Completa el elenco Naldy Hernández como la madre y Andrés Hernández como León, el hijo.

Respecto a cómo fue el proceso de encarnar a este padre estricto, el actor Arnaldo Berríos (miembro de Ateva y también director de la pieza) dice que no le costó nada ya que “es un asunto que toca a toda la sociedad chilena transversalmente, su comportamiento no es ninguna novedad y es el que tienen muchas personas hoy que viven discriminando, no hay respeto por las minorías, a todas las tiran por el hombro hacia atrás y siguen atacando a todas las minorías de cualquier índole. El padre de esta obra es un personaje culto pero intransigente, fundamentalista por su comportamiento”.

Fue el propio Juan Radrigán quien le pidió a Berríos que dirigiera la obra. Anteriormente, Berríos ya había llevado a las tablas la pieza de Radrigán, “Las Brutas”, que también debutó a nivel nacional en Valparaíso. Como recuerda el actor: “Mi amistad con Radrigán nace en 1979, a partir de una invitación que recibí de Jaime Celedón para actuar en el Teatro de la Universidad Católica en Testimonios de las muertes de Sabina, pieza de Radrigán que se estrenó en Santiago conmigo como protagonista masculino y Ana González como Sabina, la protagonista femenina. Posteriormente, en 1980, dirigí en Valparaíso Las Brutas, que tuvo su debut nacional acá en el puerto”.

En 2012, ATEVA cumplirá seis décadas de actividad, lo que la lleva a ser la agrupación teatral independiente más longeva del país y que no claudica en presentar teatro de autor.